LA FIESTA


Qué difícil es acertar con algunas personas. Con mi hijo, siempre tengo la sensación de que haga lo que haga nada le va a agradar. No sabe disfrutar, no puede divertirse fuera de su centro de interés. Casi nada le importa, sólo quiere estar en casa; qué bien que a veces vienen sus amigos o va él a sus casas, y juegan y hablan como adolescentes que son. Pero poco más: nada de vamos a ir a comer por ahí, al cine, a la piscina, a hacer una ruta o a un musical, a hacer turismo o al parque de atracciones. Todo eso le disgusta. Pero cumple 18 años y yo quería que tuviera su celebración. A veces las madres nos empeñamos en que participen y hagan las mismas cosas que hacen los chicos de su edad. Porque siempre se nos plantea la duda: si le “obligo” a hacer cosas que no le gustan, o le “dejo” hacer lo que le de la gana. Con cualquier hijo o hija las madres y padres tenemos que llegar a un punto de equilibrio, entre la exigencia de hacer algo que no quieren (por su bien desde nuestro punto de vista, que seguro que no es el suyo) hasta la permisividad absoluta, y que ellos decidan si hacen o no hacen lo que se les propone. Desde mi punto de vista, educar bien no es ni lo uno ni lo otro, y aquí viene lo difícil: hasta dónde te exijo y hasta dónde eliges tú. Pues bien, como yo quería que mi hijo tuviera su fiesta, y él por supuesto no quería, le dije que yo iba a hacer una fiesta para mí, por mi cumpleaños. Invité a la familia, mis amigos y sus amigos, y los padres de sus amigos. Vino mucha gente. Y no había nada de alcohol, para que cualquiera pudiera beber lo que quisiera. Organicé unos juegos para que pequeños y mayores pudieran participar, para facilitar la interacción social que tanto le cuesta. Por supuesto no hubo canción de “cumpleaños feliz” ni regalos (no soporta ni lo uno ni lo otro). Fue una especie de fiesta adaptada, digamos poco convencional. Al día siguiente, le pregunté si le había gustado, si se lo había pasado bien… y por supuesto me dijo que no. Como yo esperaba, que hubiera preferido que no hubiera hecho ninguna fiesta. Pero tengo unas fotos en las que sale con la familia y amigos que hablan por sí solas. Sonríe.


Conclusión: si haces algo para intentar que tu hijo o hija neurodivergente disfrute, ten muy en cuenta cómo es, qué le disgusta, cómo son sus tiempos (mejor actividad no demasiado larga), anticipa qué va a pasar, quien viene, dónde iremos, qué vamos a hacer (sobre todo si no le gustan las sorpresas). Puede que ni aún así aciertes. Pero no hay que dejar de intentarlo, porque tampoco queremos que sólo hagan lo que les gusta, que en algunos casos es NADA.


Gracias por seguirnos, a disfrutar del verano!!!

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